El mundo que Sudo

El mundo que sudo
Cae a pedazos por las escaleras
Como si fuese una canica
Cristal furioso con color y letanía.

Tiene proyectos verdes
No de plantas sino papel
Para alimentar el hambre, los buenos intereses.

Palmeritas color granizo
Sangre, sangre, sangre

El mundo que sudo
Se estira los pómulos
Con baba de caracol
Y viste, carne, piel e industria química.

El mundo que sudo
Fuma tabaco, fuma flor
Fuma sinsontes y coliflor.

Sudo también
Mundos de glicerina
Creatina
Plastilina
Dinamita
Boom mi corazón.

Sudo mundo
Con sacerdotes pederastas,
Jerarquías antropomórficas
Momias, y una lista de sin nombres
De hijos-de-puta y mal-paridos.

El mundo que sudo
Tiene baños que visten Klimt
Y en el museo tres garabatos
Con un nombre.

Selvas de petróleo sucias
Sangre, sangre, sangre

El mundo que sudo
Besa
Besa las manos, besa los pies
Las nalgas y todo lo que huele a poder.

El mundo que sudo
Huele a caña
De monte, de selva
De hombres que mueren de hambre
En los cañaverales

Tiene hijos del porte de un monte
Que comen elefantes
Vistiendo banners fluorescentes
Contra el hambre y el maltrato a los animales.

El mundo que sudo
Tiene panfletos comunistas
Diarios amarillistas
Noticieros pop y humanistas.

Sudo también
Arroz
Miel
Choclo
Y ron y jerez.

El mundo que sudo
Me empapa las ropas
Me baja el peso
Me quita la hembra
Para después tirarla.

Me moja, me roba, me ama.
Me mancha, me seco, me muero
Boom mi corazón
Boom mi corazón.

Published in: on abril 18, 2012 at 8:51 am  Dejar un comentario  

Pequeñitos

Ya no recuerdo cuando
Se fue de mi
La musasexo,
Como sin querer queriendo
Abri en mi cajón de recuerdos
Otro,          más pequeño
Pero de ensueños.

—-

¿Cuándo fue querido
El viento enfermo
Que se escapaba lento
Olor tocino
De mi infancia y nombres retorcidos?

—-

Y esa sensación antigua
Estoy aquí          sin mí
Pero enterito
Los dedos huelen a menta
Mi nariz de fresa.

—-

¿Por qué deliro de auxilios
Y dolores de entre pierna?
Ejemplo sintomático
De que me falta ella.

—-

Voy a temblar los tejados
Y mi hogar
A ver mi amor          el suelo
Por qué te abrazo cuando miento.

—-

Todos ustedes tienen un nombre:
Se llaman cuerpo
Se llaman bosque
Se llaman rincón
Y nadie les conoce

—-

La fruta, la fruta y el sexo,
El género y el cuerpo.
Todos hacen orgía
Cuando llegan las fauces destilando deseo.

—-

Me duele tu cuerpo
Tu cuerpo entero
Que es como un serrucho
De silicona y brillantina.
Y me fricciona y me corta y se va…
Pero queda la brillantina.

—-

Le dicen dulzura
Dulzura mía – y azúcar.
Le besan sus nalgas
Y después todos se asustan.

—-

¿Cómo profundiza la mar
Su meditación e idiosincrasia?
Primero por los ojos,
La boca, el pupo,
Profundiza la mar el cuerpo.

—-

-Me gustan tus dedos,
Tu espalda
-A mi me gusta, mi amor,
Como llueve tu amor en mi ventana

—-

La selva es un salón lleno de insectos.
Una montaña madre,
Humo y olor
Fango e indios.
La selva es una iglesia poblada de dioses.

—-

Mi casa son tus pechos,
El costado de mi almohada,
La vajilla, el peluche y las hormigas.
Mi casa son tus pechos.

—-

Oigo tu nombre fluir de los lavabos
Entonces es el cloro,
La virulana
¡Muérete maldita!

—-

¿De dónde salió ese armatoste maléfico
Con que me coges el cuerpo?
¿De dónde corazón
Se rompen tus huesos
Y tu piel
Y tus besos?

—-

La isla flota en el ombligo de mamá.
Flota escudo, flota ejército.
Flota color y aguafermento.
La isla llora           y es gigante.
Gigante antropomórfica y sabrosa.

Published in: on abril 13, 2012 at 12:16 am  Dejar un comentario  

No-Dada

De fondo suena un blues. Papo´s Blues a toda madre. Como los vidrios se van empañando de música, el ambiente no tiene otra que sacarse las ropas. Primero la camisa, después los zapatos. Al final del tema estamos todos en bolas. Las bolas son simbióticas a todo el desperdicio del ambiente. Vaho, humedad y rock.

Acá no sudamos salado. Las gotas que se escurren por nuestros poros son geranios.

El sur también existe. Existe con todo su desperdicio y su no-desperdicio. Están los australes y también los altiplanos. Todos indios en todo su desfogue, valga la redundancia del todo. Porque somos totalitaristas.

Decíamos, Papo´s Blues nos desvistió a todos. Nos quedan los paños, la amargura. El llanto. Por qué se fue Papo. Por qué hasta hoy sus canciones nos arañan las tripas y se llevan un trozo de carne.

Hoy estamos imbéciles. Nos huelen las axilas y todo derredor apesta a pucho. En la ventana hay dibujitos. Dibujitos con nombres. Y colores. Como un vitraux. Solo que podríamos decir, sin mucho lugar a equivocación, que quien los trazó tenía mucho menos sentido estético que un artesano de vitraux. Y nos atamos al triste (pero encantador) oficio de jugar con las letras. Las letras, las palabras, los verbos. -Cuando era chico y decía que quería estudiar Letras, la gente me preguntaba, “¿Como la `a´?” a lo cual yo dejaba un silencio elocuente que muchas veces quería decir “la gente, y su sentido del humor, pueden ser mucho mas estúpidos de lo que uno puede creer”. No hace falta explicar muchas cosas sobre el juego. Ponga una letra acá, otra allá. Mézclelas y después ordénelas conforme a su apetito.
Si este proceso creativo le provoca una extraña referencia, recuerde: los poemas Dada no cuenta. (O no para los que nos damos de intelectualoides del siglo contemporáneo.)
Si a usté le gusta el picante, asegurese de mezclar todo con palabras metódicamente extrañas, a fin de que sus colegas (también intelecutaloides) puedan dar cuenta de su abundante cultura y su entrañable dominio del léxico. No deje marcas de su ignorancia, o sea, recurra al diccionario. Límpiese los zapatos y después séquese las axilas. Póngale play, otra vez, al tema de papo o a una zamba que le ponga sentimental. Después recuéstese sienta el vaho, la textura de sus calzones. No haga otra cosa, porque con lo que ha hecho ha sido suficiente para que el día sea un cliché encantador.
Déjese dormir.

Published in: on marzo 18, 2012 at 8:41 pm  Dejar un comentario  

Desorden.

El monte se ha comido la luna. Chispean lejos grandes pedazos crocantes de nada que fosforescen la noche… ha nacido, sin querer, otra vez el llanto.

Lejos están muriendo todas las avecillas que alguna vez cantaban de pura letanía. La naturaleza es una gran ironía a la estupidez sapiente de los corazones rotos.

Iba a ponerle tu nombre a una canción… fue entonces que descubrí que los acordes me habían nombrado a mí y me sentí el imbécil mas elocuente que tramitaba el derecho de vida en este amargo sillón de poliéster.

No me quieras recordar ninguno de nuestros momentos. Tírame las orejas, como para despertar agazapado, el mal hábito de extrañarte. O al menos extrañar lo que pensé que eras. No dejes que mendigue, porque si mendigo es por rutina, no porque te quiera.

Y la música, ese barril sin fondo en el que nunca acordamos. Acá el ruido y allá los gritos. Es un mal momento para empezar a pretender que alguna vez pudimos, o alguna vez quisimos. Todo lo que queda es ese nombre, vibrando en la penúltima cuerda, como un canapé de estiércol que uno no se atreve a digerir.

A veces, solo a veces, es mejor dejar ir las cosas. Dicen que si vuelven eran de uno. Qué se joda la vuelta… hoy todo perece.

Ya soy solo un nombre. Un nombre cínico escrito en la pantalla del ordenador. Un montón de luces, píxeles, que desfiguran cada tanto si varía la tensión. Todas esas cosas, alguna vez nos reprimen, y otras tantas nos espantan. Y otras, lloramos. Ya soy solamente un nombre, un pedazo de cartón o polipropileno sólido. Ya he desfigurado, como esos lugares nuestros que ya no figuran… los que se comió mi hartazgo y el maldito dolor. Ya soy solamente un nombre, un nombre con tripas y problemas intestinales y de aliento.

Él escribe lindo. Escribe lindo soledad, dolor y llanto. Porque por alguna razón con falda perdió los buenos hábitos de encontrar brillo en la zapatería. Escribe lindo, porque es un imbécil que se encerró a los libros y se olvidó de las bufandas, del frío, la montaña y la televisión (¡Jamás las faldas!). Escribe lindo… siempre sólo y con letra chueca… las piernas de la abuela.

Los días no pasan. Se sientan en la entrada y no pasan. Son como los vampiros que si uno no los invita explotan de vergüenza.

Y el mar, si alguna vez habré tenido un sancho panza tan bruto y desabrido habría sido el mar que además de testarudo es fuerte y grande; el compañero perfecto para jugar a “ya no existo” o “muérete maldita, adiós mundo cruel”

Él, cuando está solo mira las ventanas. Las ventanas tienen reflejos. Las ventanas, en algún lugar de las ventanas hay un trozo de historia tartamuda que balbucea nombres. Ejemplo. El corazón grande de la derecha se llama Estefanía. La mano desdibujada Josué. La mugre se llama Olvido y la flecha del corazón, Santiago.

Y si alguien ve mis restos que se los coma. Han dicho ya hace largo rato que la antropofagía es el primer camino hacia los hombres. Y el camino hasta la tierra. No dejemos sangrar a las palmeras, ni que la extinción seleccionada nos elija. Huyamos, muertos de miedo, hasta las banderas. Porque las banderas ondean sombras que son como sinsontes sin apellidos y con muchos nombres.
No permitamos al monstruo volver, sin primero morir desinhibidos.

Él. Se aburre cuando esta rodeado de gente porque padece de un síntoma deidoso de exclusividad. Se sienta en las esquinas, pucho y buche (en vez de boca) y los mira a todos. Es que ser tan exclusivo es un manjar.

Cuando uno acumula tristeza. Es como acumular monedas. El cepo no da abasto y entonces hay que romper o dejar de meter. A eso los intelectualoides le llaman H-E-C-A-T-O-M-B-E. Y es como tener una vida como la del escritor.

Nos han echado la culpa de un tabú. Todos los tabú tienen que tener un nombre para admirar o para huir…. Para ponerle nombre a nuestra culpa o para bautizar nuestras reservas ético-morales. Tabú.

Yo quería hacer un bosque solamente para que tú seas la campesina. Un bosque de estrellas ennochadas que se ahoguen a falta de oxigeno y luz. Un bosque con una casucha de árbol en la que él se encierre a perseguir sus letras y tú puedas acustizar tus ruidos. Como un estudio de música pero en la mitad de nada y sin micrófonos y mucho verde… porque a ti te gusta el verde.

Él sueña. Todos sus sueños tienen un nombre… y la mayoría hasta piernas, espalda, manos y caderas. Cuando se acuesta susurra… qué coincidencia, todos sus miedos, hoy, tienen el mismo nombre que sus sueños.

Como suele decirse, el mas hombre, el mas bruto. El mas inteligente, el mas cobarde. El mas sensible, el menos apto. Y el imbécil… debemos ser todos imbéciles si la raza va a evolucionar.

Te quiero. Se lo quería decir desde hacia rato. Una paloma se comió el último granito del lexema que estaba pululando estúpidamente en la plaza. Después lo defeco sobre un automóvil y entonces fue el estiércol. Jamás pudo querer.

Él sabe ser muy amoroso. Sabe decir por favor, mucho gusto, gracias, te quiero, te extraño, te amo y quiero estar contigo. Sabe vomitar color rozado y sonreír con los dientes frontales de su maxilar inferior torcidos. Saber ser un incompetente. También sabe ser matriarcal. Sabe aguantar, sabe esperar, sabe sufrir… sabe quejarse… pero sobre todo, ser amoroso. Porque es lo único que exime.

Quería encontrar una manera de encajarte a ti en todo mi desorden. Hice espacio en todos los rincones (hasta en el balcón) y jamás pudiste entrar. Esque los pisos de hoy son muy pequeños, todo es con las justas.

Él ya sabe muy bien como es la escarcha. La nieve le ha pedido consejos para perfeccionar su toque de nihilismo y lerditud.

Entonces los aviones pasan volando y una sinfonía acampa en la mitad, justo en la mitad, del departamento. Todos gritan y lloran. Abajo hay una luciérnaga preñada de luz que está pariendo un corazón (como la canción de Silvio). Ella está lejos. Él esta pintando de verde las sabanas a ver si por lo menos logra coquetear algún recuerdo que pueda arrullarlo la noche y él abrazarse a ella… -perdón, o a él, el recuerdo.

Él, entonces, es un ciudadano burbuja.

Published in: on septiembre 20, 2011 at 2:38 am  Comentarios (1)  

Sin Nombre -Dolor y Epifanía-

Volverán los colores aunque el sol se haya ido.

Me inundará el alma la marca de tu ausencia,
No seré sino las sobras que pululan hambrientas
De color y trementina.

Toda la madrugada espera
Sin sentido ni razón
El color inmenso un nuevo corazón.

Aunque te hayas ido,
Y yo te mate toda,
Aniquilando en ti todos mis desvaríos,
Seré entonces sombras renombradas
De tu evidente falta: dolor y epifanía.

Todos los días serán de barro
En que esculpir un nombre
Cuyo objeto y argumento
Carezca de tus dotes.
Y no serás mi dueña
La archienemiga de mis miedos
Colonizadora de mi numen y
De mis fantasmas más aguerridos;
Serás el nombre hermoso
Que nombra un desacierto,
Que calla silencioso y llora de nostalgia.
(lo que nunca pudo ser tiene nombre
y viene a repertorio como una promesa,
la promesa: quizás alguna vez)

Volveremos a sonreír aunque no sea contigo,
Yo y todo el armatoste -sobras de nosotros
Reiremos incansables para no llorar de ausencia.

Volverán los colores y también la risa,
Quedaremos tu ausencia y yo,
El alma muerta. Dolor y epifanía.

Published in: on agosto 10, 2011 at 5:31 pm  Dejar un comentario  

La Mujer que Duerme en la Mitad de la Luna

La mujer que duerme en la mitad de la luna se ha ensombrecido el gusto con sabor a arándanos y se esfuerza cada día por volver a la tierra
-ese oscuro espacio de sol y mar, menta y sierra, donde se pescan narizones y fresas de monte.
Moras. A esa mujer le gustan las moras. Y le gusta comerse a las sirenas porque tienen en la carne un pequeño gusto a sexo y otro primal a marisco.
La mujer que duerme en la mitad de la luna tiene mejillas de porcelana y el pelo como una mota ancha y espantosa de lana de vidrio.
A ella no le llegan los olores de bosque y no le aqueja la falta de agua. Ella duerme y duerme y duerme pero quiere volver a la tierra
-ese hormiguero de seres que se besan y hacen el amor por solo oficio.
“Cuando vuelva a la tierra voy a buscar un rinoceronte. Y lo voy a querer. Y voy a amarrarme a él hasta el día que me muera” La mujer sueña.
Al medio día (que en la luna no se distingue bien) la mujer duerme y a la noche también. Y a la madrugada también.
La mujer que vive en la mitad de la luna quiso levantar un monumento para su género despotricado de orgullo y lugar. Lo intento… pero se quedo dormida.
Esta mujer, está entonces sombría, está singularizada y abstraída en su existencia como una oración sin punto final, sin autonomía. Se queja de ella misma y entonces duerme. Y después vuelve a dormir.
Se enamora de su alter ego masculino pero él es tan narcisista que se ha perdido en la mitad de un río. Ella duerme, porque dormir es potable.
La mujer que duerme en la mitad de la luna se ha quedado dormida por error logístico. Los astronautas la buscan entre los arrabales (pues sí, la luna tiene arrabales. Muchos) pues quieren llevarla de vuelta a la tierra
-ese lugar siniestro de maquinas color plateado y gases tóxicos y luz artificial. De olor a cebo y negros mancebos.
Porque están convencidos que esta mujer y sus labios sombríos, su gusto de arándano y su mota de lana de vidrio, vendría bien para el amor y su oficio: La procreación.
Algunas particularidades que no se olvidan pero se mencionan: La mujer, esta mujer, consume constantemente ansiolíticos, largas y duras dosis de valium. Le gusta el alcohol. No juega a la pelota pero es somnámbulamente gimnasta. Sabe karate y besar. No le gusta que le digan mujer, sí amor. Se viste con harapos para ahorrar en escote. No le gusta el oficio amorístico por excelencia. A ella le gusta el rock. La mujer que duerme en la luna busca volver a la tierra
-ese lugar. Ese lindo lugar.
Quiere conocer el sur. Lo mismo que las jirafas que son como una masa amorfa de colores e imaginación que comparten con ella latidos, singularidad y espacio.
La mujer que duerme en la mitad de la luna es de los suburbios. Cuando era humana vivía en los barrios marginales, fumaba hierbas estilísticas y hablaba de revolución sexística. Le gustaba el ron. Hoy duerme.
Astronautas, buscadores del ayer y hoy, amantes de lo extra-terrestre, la buscan incansablemente.
La mujer que duerme en la mitad de la luna se endulza, se empapa en azúcar y entonces dulce. Ésta misma mujer duerme sin cesar. Y Duerme. Y duerme. Y duerme.

Published in: on diciembre 6, 2010 at 1:22 am  Dejar un comentario  

Su Nombre y Una catarsis

Tenemos que volver al momento primero en que nos olvidábamos los nombres. O aquel momento en que las personas eran más importantes que los nombres. O, no sé si será posible, dejar de utilizar números en vez de personas. Dejar la economía para volver al hombre.
Entonces hice una crepe con Su Nombre y me la comí. Me quedo ella y no supe que hacer con eso. Eso: materia multiforme con olor, forma, movimiento y elasticidad: cuerpo. Eso: universo de ideas singularmente atractivas y convicciones ajenas y distintas: Alma. Eso: la maquina voluble y administradora de una portentosa fuerza incontenible contenida dentro de sí misma. Milagro. Eso: Espíritu.
Su Nombre es una abstracción que supera una imagen acústica, o una significación. Es algo así como un discurso andante atractivamente reprimible, o reprimiblemente atractiva.
Algunas noches me desentiendo del huracán que hace catarsis de lo que somos (mi alter ego y yo). Va colando nuestra esencia de entre los morfemas que identifican nuestro ser y quedamos entonces solo nosotros, reducidos a existencia, reducidos a materia. Sin lenguaje, sin palabras, sin sentimientos. Una masa de formas y movimiento, con ideas y posesiones. Quedamos nosotros… No queda nada.
Es así que llego a Su nombre. Buscando ese pedazo de trascendencia que no queda de mí. Y entonces solo queda ella… me queda todo. Y puedo ir de aquí allá, rezongándoles a todos mi inmoral trascendencia interdependiente.
Su Nombre está ahí. Tan sola y refrescante. Tan refrescantemente sola. Esperando. Yo estoy aquí, con el culo entre las manos y el corazón entre las patas. A veces quisiera que todo el ritual sea menos protocolar. Esto de llamar y no llamar suele enfermarme. A veces soy un nombre. A veces una imagen. A veces soy lo que Su Nombre quiere. Y a veces lo que le estorba. Entonces vuelvo a ser solamente yo. Nosotros… volvemos a ser nada. Sigue quedando nada.
Su Nombre vuelve a ser, pues, esa sacristán de nosotros. Me pierdo del redil y el redil de mí y soy entonces solamente existencia. Sin testigos. Así nomás, quisquillosa y traviesa. Solamente existencia.
Algunas noches me desentiendo. Volvemos entonces a Su Nombre y hacemos catarsis. Nos colgamos de entre sus pelos, le decimos cosas lindas, le intentamos un beso… Y entonces sobramos. Y queda ella, alta y fuerte. Diciendo alguna cosa rara. Oliendo a solamente ella. Moviendo ella. Y yo, mi alter ego, anulados. De pronto, es solo ella… y otra vez me queda todo… y me falta.

Published in: on octubre 13, 2010 at 9:19 pm  Comentarios (1)  

Matar las Flores

Esto es así:
Las flores ya están brotando. Los árboles empiezan a moquear hojas verdes que empiezan a desparramarse por todas las ramas. A la tierra le dan infinitas erecciones de pasto y al sol le dan ganas de joder un rato.
Sí, esto es así. La primavera (el alter ego homosexual del Sr. Año) acaba de llegar. Empiezan primero las flores y el pasto. Después las personas que se calientan y el fuego que quema las venas.
“Vamos. Vamos pequeños mortales al polen. Al camino de campo. Al ombligo. Al deseo. Vamos insulsos mortales a comer las flores.”
La primavera. Señores la primavera. Hay que matar las flores. Hay que matar el campo. Hay que respirar todo el polen –ojo las alergias-, y después, solo después la carne.
La primavera, cristianos y no cristianos. Occidentales y orientales. La primavera feliz y colorida con la cola desnuda esta paseándose por el horizonte austral. Hay que romperle las piernas para que no se escape. Torturarle. Después comérsela para poder amarla.
Se ama la mujer, se ama el varón. Jamás las flores… pero el amante. Amante dionisio. Amante baco. Hay que matar las flores… pero no las sirenas. Pero no los antropófagos. Pero no los minotauros. Matar las flores pero no a mamá. Ni a los títeres.
Sí, esto es así. Con la cosa no se juega. Matamos la primavera porque somos intolerantes y nos tiembla la mariconada. Porque nos gusta la moralidad. Porque somos así… y así se es.

Su-Nombre debe pensar que las flores no se comen. Silencio, oh vil desidia. Yo respondo: Hay que matar las flores. Matar el campo. Matar las flores. Las flores. Las flores.

Published in: on octubre 8, 2010 at 8:21 pm  Dejar un comentario  

Desde Setiembre

Las camas son como los campos, si te atrapan no te sueltan. Siempre quise ir a vivir al campo, lo mas cercano que encontré fue mi cama y entonces me tiré ahí, entregándome sin requisiciones a su dominio y mandato. Entonces todo se volvió voluble y dio vueltas frustradamente. A ver en donde estoy, cómo me encuentro y por qué… por qué así.
Primer intento desesperado de llamar su atención:

Él:
-Ha vuelto setiembre,
Hoy a la madrugada.
Creo que estoy solo
Pero…
Y entonces tú

Entonces volvió el silencio. El aparatejo me miraba de lejos con los ojos nulos como ausente. Estado de vegetación intensamente cavernícola y caníbal. (Me va a comer un estado y es tu ausencia).
El aparatejo enciende por un instante los ojos diciendo, pues, Su Nombre. Aquella sucesión de sustantivos propios que identifican su cuerpo, su historia, su imagen acústica y hasta aquello que no puedo encarar de una manera sobria si llego a tener el conjunto cerca.
Entonces Su Nombre dijo:

Ella:
-Dormí.
Si crees que estas solo
Y entonces yo?

Es una trampa. Porque ese tipo de preguntas son trampas. Es artificio retórico que no pretende más que develar mi asquerosa debilidad.
Soy poeta, no titán. Lo mas complicado en mi estrategia de guerra es medir un verso sin dejar que la diéresis y el acento me engañen. O quizás hacer un poema de un metro clásico, con todas las artimañas de ley. O quizás ya tengo bastante con evadir Su Nombre, en el apartado discursivo de mi imaginario poético tan selectivo. Ni su intertextualidad. Ni sinestesia. Ni síntesis. En las trampas no soy un estratega, soy poeta. Siempre poeta:

Él:
Mi Su-Nombre.

Me puede la cama. Sabe como retenerme sin hacer esfuerzos. La modorra baja como el alcohol y se pone entre las venas. Entre el libido y la cordura. Entre los parpados y expone de mí el transeúnte que siempre soy pero maquillo con aras de buena vibra. Aguardo otra vez Su Nombre en los ojos del aparatejo. Mirar su respuesta y entonces morir de satisfacción.

Ella:
Bueno,
Entonces no creas estar solo.

La soledad se convirtió, de pronto, en una desconocida a quién le pagué tantas noches para embrutecer mi inspiración y hasta mi cordura. Cayó su nombre como un trueno dejándonos a todos fritos y muertos de espanto… y eso es bueno. Entonces llegó setiembre, con setiembre la madrugada. La perra y sola madrugada.

Yo ya no estoy solo, volteo 180 grados sobre mi propio eje, mis ojos chocan la pared, el aparatejo cae al piso y en lo que estimo que es mi conciencia brota un murmullo de risa que a pesar de perverso es tierno y bueno.

Llegó setiembre
Hoy a la madrugada.
Creo que estoy solo
Pero…
Y entonces tú,
Tu estas conmigo.

Inferencia básica y lógica acerca del producto semantico de la estrofa. Puede ser, en fin, que no esté solo. Que me acompañe Su-Nombre.

Published in: on septiembre 25, 2010 at 9:28 pm  Comentarios (2)  

El Arroz y el Popote

Estamos, si que estamos, dispuestos a negociar todo lo que no tenemos. Justamente porque lo vamos a tener. Tus hijos, tu casa, tu trabajo. Tus malditos centavos que perderás sin darte cuenta bajo el sofá. Vamos a tener, un hermoso lugar para posar los palos de golf que vas a perder. Señor propietario hasta su perra alma (o alma de perro) vamos a negociar.
Estamos, no, no lo estamos, dispuestos a beber con usté ni una copa mas. Porque uste es un depravado. Un degenerado zurdito y mal parido. Porque a usté lo han parido mal. Tiene usté un mal agüero que se huele a kilómetros y kilómetros.

Señor. Guarde el silencio. Aquí no lo necesita. No, ni eso ni sus prendas. Acá lo que se viene es a ser tocado. Y no, no por las manos de nuestras hermosas enfermeras. No señor. A usté lo que le toca es el garrote. A usté lo que le toca es un poco de agua fría y ortiga. Le toca la hinchazón, y si no le gusta se me aguanta. Señor llorando no va a cambiar nada, cállese ya y dése vuelta. Y no voltee a ver, porque le va a asustar lo que va a encontrar.

Aquí se hace lo que yo digo. O es que a usté no le enseñaron que yo soy el que mando. No importa, con el tolete le voy a enseñar quién manda. Y nada de fruncirme el seño. Para callar callamos bien, precioso maricón. Sí, que yo me tomo toda tu pena. Que yo me llevo toda tu plata. Me como tu guiso y tus perros impuestos. A mí se me tiene miedo. Y no, que no me venga a decir que no le advertí. Acá nadie miente si yo digo que no se miente. Y al que miente le dejamos bien cortito, con las nalgas rojas y un dolor de chorrete. Yo mismo voy a dormir con tu mujer. Sabes qué, yo mismo te rompo la cara.

Estamos, si que estamos, estamos todos locos. Los que dicen que no y los que dicen que sí. El que no se subleva, el que no se revela. El que pega y no admite ser pegado. Los perros que no se dejan ser perreados. El que dice y el que lo escucha. Los perros demócratas y los imbéciles dictadores. Los militares, infelices civiles. Todos, hasta el último cuerno de cada uno de ellos, infelices y estrechos, estamos todos locos.
Estamos, si llegamos a estar. Porque lo que cuenta es el tiro y la culata. Se fue y no volvió. Estamos algo así como enviciados. Automatizados y servidos. Plato fino, hasta los evangélicos. Los satanistas también. Y los budistas o hare krishna. Salut asquerosos mortales. Oficiales del olimpo y las democracias de piernas bien abiertas.

Por Dios que nos gusta el arroz con popote.
Salut mis camaradas.

Published in: on septiembre 25, 2010 at 1:54 am  Dejar un comentario  
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